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Empezar la vida con música

En La Caja de las Semillas trabajamos todas las semanas con bebés y niños pequeños, así que vemos de cerca algo que la ciencia ya viene confirmando desde hace años y es que la música en la primera infancia no es un “extra”, sino que es una herramienta poderosa para el cerebro, las emociones y el vínculo con las personas que aman.


Este blog es para contarte, con datos en mano, por qué de 0 a 5 años la música se vuelve un superpoder… y cómo lo trabajamos en Caja de las Semillas.


¿Qué pasa en el cerebro cuando tu bebé juega con música?


Las manitas de nuestro clientito Mateo, descubriendo el sonido de cada tecla del piano.
Las manitas de nuestro clientito Mateo, descubriendo el sonido de cada tecla del piano.

Los primeros cinco años son una etapa de plasticidad cerebral enorme, pues el cerebro está haciendo conexiones a toda velocidad. La música, al combinar ritmo, melodía, movimiento y emoción, enciende muchas áreas del cerebro a la vez y de manera natural, a diferencia de los sobre estimulos que puede generar una pantalla azul.


Diversas revisiones científicas y programas de primera infancia coinciden en que la música favorece:


  • Lenguaje y comunicación: escuchar, cantar y jugar con canciones ayuda a que los niños reconozcan patrones de sonido, ritmo y acento, lo que se traduce en mejor comprensión y producción de lenguaje.


  • Desarrollo cognitivo y escolaridad futura: la música estimula habilidades relacionadas con la atención, la memoria y el razonamiento, claves para el aprendizaje posterior (lectoescritura, matemáticas, resolución de problemas).


  • Funciones ejecutivas (el “director de orquesta” del cerebro): metaanálisis recientes muestran que el entrenamiento musical en preescolares (3–6 años) mejora el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, en comparación con niños sin formación musical.


En palabras simples: Con música los niños aprenden a esperar su turno, sostener la atención, recordar secuencias y adaptarse a los cambios…

habilidades que más adelante hacen toda la diferencia en el kinder y la escuela.



Música, vínculo y regulación emocional.


La música no solo es “cabeza”, también es corazón y cuerpo.


Estudios sobre bebés y sus cuidadores indican que cuando las personas adultas cantan a sus hijos, aumenta la sensación de cercanía y apego, y el bebé se calma más fácilmente.


  • Además, las clases grupales de música para edades tempranas han demostrado:


    • Mejor estado de ánimo en madres, padres y cuidadores.


    • Mayor sensación de conexión con otros adultos y niños.


    • Espacios seguros para que el niño experimente, se equivoque y vuelva a intentarlo, sin juicio.


Cuando bailamos, hacemos juegos rítmicos, usamos la voz así como el cuerpo y los niños aprenden a:


  • Reconocer cómo se sienten (alegre, nervioso, cansado).

  • Expresar emociones a través del movimiento y la voz.

  • Empezar a regularse: esperar el “¡ya!”, parar cuando la música se detiene, bajar el volumen, respirar.


De 0 a 5 años: ¿qué cambia con la música en cada etapa?



De nuevo Mateo, enterándose de que también suena el piano si se presiona con una clave.
De nuevo Mateo, enterándose de que también suena el piano si se presiona con una clave.

0 a 1 año: el mundo es sonido


En esta etapa, la música funciona como contención y descubrimiento sensorial:

  • El bebé reconoce la voz de sus cuidadores y se calma con canciones repetidas.

  • Explora sonidos con el cuerpo (balbuceos, golpes suaves en el piso, palmaditas).

  • Aprende ritmos básicos a través del balanceo, las caricias rítmicas y las nanas.


Aquí, más que “enseñar música”, buscamos que el bebé se sienta seguro, contenido y curioso en un entorno lleno de sonidos amables.









1 a 3 años: movimiento, imitación y juego


  • Aparecen los primeros gestos musicales intencionales: palmear al ritmo, repetir palabras de canciones, inventar sonidos.

  • La música se mezcla con el juego simbólico: hacer de cuenta que el tambor es un tren, que la maraca es lluvia, etc.

  • Empiezan a respetar turnos breves, a seguir consignas simples (“arriba–abajo”, “rápido–despacio”).


La música en estas edades ayuda a integrar lenguaje, motricidad y socialización: cantar juntos, mirar al otro, reírse, esperar, imitar.


3 a 5 años: creatividad, memoria y pequeñas historias sonoras


  • Los niños pueden seguir estructuras musicales más largas (canciones completas, rondas).

  • La música se convierte en una forma de contar historias: personajes, emociones, escenas.

  • Se fortalece la memoria, la coordinación y el pensamiento simbólico (entender que una melodía puede representar una emoción o un personaje).


En esta etapa, la música es una aliada para preparar el ingreso a la escuela: atención, escucha activa, expresión verbal y corporal, trabajo grupal.


¿Y todo esto cómo lo trabajamos en Caja de las Semillas?

En Caja de las Semillas no damos “clases de música” tradicionales. Creamos experiencias de estimulación musical temprana para bebés de 10 meses hasta niños de aproximadamente 5 años, donde mezclamos música, juego y teatro infantil.


En cada sesión:

  • Exploramos instrumentos y sonidos

    Los bebés y niños descubren distintos instrumentos (de percusión, pequeños objetos sonoros, la voz, el cuerpo), reconocen sus timbres y juegan con actividades sensoriales. Esto fortalece la discriminación auditiva, la coordinación y la curiosidad.


  • Incorporamos herramientas teatrales

    Utilizamos dinámicas de juego teatral para fomentar la imaginación, el movimiento y la expresión corporal: personajes, animales, viajes imaginarios. Cada clase se convierte en una pequeña obra donde el niño es protagonista de su propio descubrimiento.


  • Personalizamos canciones para cada niño

    Creamos canciones con su nombre y detalles de su mundo (gustos, rutinas, personas importantes). Esto refuerza identidad, autoestima y vínculo afectivo: el niño se escucha a sí mismo como alguien importante dentro del juego musical.


  • Respetamos los ritmos según la edad

    • De 10 meses a 2 años: sesiones de 30–40 minutos, suaves, centradas en la contención, la repetición y el juego sensorial.

    • De 2 años en adelante: sesiones de 45–60 minutos, con más retos motores, teatrales y creativos, siempre desde el juego.


Todo esto lo diseñamos a la luz de lo que dicen los estudios sobre qué hace realmente la diferencia: constancia, intervenciones de al menos varias semanas, actividades variadas que combinen ritmo, canto, movimiento y juego simbólico.


Cómo podés potenciar la música en casa

(aunque digás que “cantás feo”)


No hace falta ser músico profesional. Lo que más importa es la presencia afectiva. Algunas ideas sencillas:


  • Tener una “canción de la mañana” y una “canción de la noche” que se repitan todos los días.

  • Cantar lo que están haciendo: “Ahora nos ponemos los zapatos…”, “Vamos a lavar las manos…”.

  • Usar la música para anticipar cambios: una melodía para guardar juguetes, otra para ir al baño, etc.

  • Dejar que los niños inventen sonidos y movimientos, y seguirles el juego: que ellos también “dirijan la orquesta”.


Cuando esa vivencia cotidiana se combina con un espacio guiado como La Caja de las Semillas, el niño recibe una estimulación rica, coherente y afectiva, dentro y fuera de casa.


En resumen


La música en los primeros cinco años:

  • Activa y organiza el cerebro.

  • Fortalece lenguaje, atención, memoria y habilidades sociales.

  • Acompaña las emociones y el vínculo con las figuras de cuidado.

  • Le da al niño un espacio para jugar, crear y ser visto.


En Caja de las Semillas queremos que cada bebé y cada niño descubra que su voz, su cuerpo y su imaginación importan, y que la música puede ser un lugar seguro para crecer.


Si querés saber más sobre nuestras sesiones de estimulación musical temprana o agendar un espacio para tu hijo o hija, podemos adaptar la experiencia a su edad, su ritmo y su forma única de habitar la música.


¡Gracias por formar parte de este semillero!

 
 
 

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